Muy lejos y tiempo atrás, me acuerdo de que era lazarillo. Los niños del barrio éramos lazarillas y lazarillos. Patxi, el ciego de Oste, el hermano del aittitte, el que estaba sentado en la silla, lo llevábamos hasta el campo, porque quería saber cuánto había crecido la maíz.
Me acuerdo de que en la vieja ermita estaba San Mamés.
Los días de entonces los recuerdo mucho más largos que los de ahora.
Me acuerdo de que jugábamos a ser amas o aitas, o a las guerras, a ser el asesino y el muerto, siempre a ser adultos. Sin saber que ya tendríamos tiempo suficiente para ser adultos.
Me acuerdo de que unas tiendas se llamaban ultramarinos, otras droguerías.
Era un córner. Nos juntamos todos en la portería, empujándonos unos a otros. Llega el balón, recuerdo que salté. Escucho que me he mareado y que no estoy muerto, intento levantarme con dolor de cabeza, el partido ha finalizado y me felicitan por el gol. No quisiera dejarlo en el olvido, pero no puedo recordar el gol.
Cuando le hablábamos en castellano, recuerdo que amama Cándida nos decía Nik eztakitt erderaz (Yo no sé hablar en erdera). Y que nosotros respondíamos Ni pai (io si).
Recuerdo el león del metro, aparecía rugiendo en las primeras imágenes. Luego no aparecía más en la película.
Recuerdo que nos manchábamos los dedos y las puntas de los zapatos con clariones.
En la estación de Durango, andábamos entre los viejos trenes, no recuerdo en qué, unos trenes tenían la esvástica nazi debajo.
Recuerdo que nadie hablaba sobre la guerra civil. No supimos acerca de la guerra en mucho tiempo. Pero, desde que supimos un poco, empezamos a darnos cuenta de que aún había edificios destrozados en el pueblo, empezamos a ver trincheras en la montaña, y que en las paredes de la calle también, observábamos agujeros de disparos, notables recuerdos de la guerra en el silencio del paisaje humano.
Recuerdo que amama Irene me dijo una vez, que en el último día de marzo de 1937 no se podía caminar por Durango sin pisar sangre.
Recuerdo que empecé a escribir, pero ya no sé cuándo, ni dónde, ni qué, ni para qué.
Recuerdo la batalla de Aljer, y que a la salida del cine la gente marchaba en silencio.
Recuerdo que con 17 años sabía mucho más de política que ahora.
One Flew over the Cuckoo’s Nest.
Recuerdo las cosas que no puedo escribir. Pero seguramente, son más las que no tengo en mente que las que quiero olvidar.
Recuerdo que vivíamos en la calle Santa Lucía de Santutxu cuando mi amigo me dijo que no tenía buena vista.
Recuerdo el recto camino aburrido de las Landas.
To see a world in a grain of sand, me viene a la mente, William Blake. Pero el mundo en sí puede verse como un grano de arena en el universO. El infinito está a mano y, al mismo tiempo, la nada también está a mano.
Recuerdo el refrán de 1596. Befte gauza ençunic ta ecufiric yilgo gara.
Recuerdo que era de la ETA, y que ETA mató al padre de un amigo, y que sentí una tristeza enorme y sensación de ruina.
Recuerdo que me despertaba con el ruido del tren que pasaba al lado de casa, se asustaba el edificio entero. Y que el tren pasaba siempre a la misma hora.
Me preguntó ¿Cuál es el mejor libro vasco en tu opinión? Recuerdo que cuando le respondí “Etiopia”, él dijo E?
Recuerdo el cruce de Zumalacarregui y Montevideo. Había un semáforo.
Recuerdo los perros que me torturaron. Eran de varias regiones de España: tres castellanos, dos gallegos cerrados, tampoco faltaba le chien andalou.
Recuerdo las tres literas de Carabanchel. Las tengo encima del corazón.
Recuerdo el sonido exactamente como era, el ruido de las llaves en la cerradura.
Me acorde de las imágenes de Giambattista Piranesi cuando entré en la cárcel. Ahora recuerdo la cárcel cuando miro otra vez los dibujos de Giambattista Piranesi.
Recuerdo que dentro de la cárcel había inocentes junto con culpacles.
Cuando llevaron el cuadro de Pablo Picasso a España, recuerdo que estaba preso. No lo llevaron a Gernika, sino a Madrid, y lo enseñaron protegido en una caja de vidrio, con la bandera monárquica a un lado y vigilado por los guardia civiles.
Recuerdo el recuento de las tres.
La comunicación ha terminado. Abandonen los locutorios.
Recuerdo que esperar es doloroso, que esperar durante años causa un daño profundo. Que recordar también es doloroso.
Recuerdo que en la cárcel conocíamos los dos apellidos de los amigos. Razquín Reparaz, Murguizu Bacaicoa, Pidal Velasco, Ostolaza Alcocer, Ojeda Martín, Izaga González, Azkona Arroyo, Mendinueta Mendinueta…
Prepare sus cosas que tiene conducción.
Recuerdo a Idoia.
Recuerdo la luna llena de la ciudad de Aljer. Un círculo encima del puerto, solitario, silencioso, exangüe, como yo.
Recuerdo que en toda la lista, sólo entendí omelet. Y que pedí omelet.
Recuerdo que las cerillas sólo se queman una vez, como los días.
Recuerda el sabor del cigarro envuelto en papel de Biblia.
Recuerdo que abandonaba a mi chica en la cama, para pasar la noche con el amigo que se moría de cáncer en el hospital.
Recuerdo que aunque dejé las puertas abiertas, no volvió.
A veces también quiere recordar las cosas que no han pasado.
Pero no los veo bien al cerrar los ojos.
Recuerdo lo leído sobre el euskera en aquellos escritos: antiguo, disminuido, aglutinante, español, prohibido, paleolítico, ilegible, preciso, bonito, moderno, desgarbado, político, antiespañol, irrelevante, viejo, facilito, analítico, gracioso, marginal, legible, peligroso, aburrido…
Cuando subí a la colina esperando ver el mar, recuerdo que me encontré un enorme vertedero.
Recuerdo tardes de domingos llenos de goles.
Recuerdo que descubrí muy tarde que murió. Lo encontré mientras leía periódicos atrasados, de repente, la esquela de Esteban Uribelarrea, en un periódico atrasado, habían pasado tres, cuatro o cinco meses. Y Esteban Uribelarrea era nuestro aittitte.
Murumurutá yenú-kan, ö-p¨k iná ichí.
Recuerdo que encontramos un bote naufragado en aquella playa, con sus costillas de madera al aire. Que parecía el esqueleto de una ballena.
Recuerdo que le querían quitar el juguete al niño, y que el niño no les dejó hacerlo. Que para cuando se lo habían quitado, el niño lo había roto.
Recuerdo la ola de Hokusai.
Cuando le pregunté el nombre a esa chica que no conocía, recuerdo que me dijo que siempre le hacía la misma pregunta.
Recuerdo que escribí que la vida también se escribe con faltas de ortografía, y que eso también quería escribirlo con alguna falta de ortografía. Pero que no supe elegir la falta adecuada, porque los errores no se eligen.
Recuerdo la pregunta que podía hacerse cuando cayó el muro. ¿Cuál?
Recuerdo que repetía gu, gu, gu (nosotros, nosotros, nosotros), y que no olvidaré durante un tiempo que hablaba de la humanidad.
Sois basque et tais-toi.
Recuerdo que el niño me dio un dibujo de colores, diciendo que había introducido los colores de nuestra bandera. Y que en el dibujo había por lo menos once colores.
Recuerdo al amigo que encontré de repente en la poesía moderna. Fue tan inesperado el encuentro, que me fui.
Haría sus biografías, las biografías de las palabras. Porque recuerdo que las palabras nacen, viven y luego se marchitan. Para luego ponerse verdes otra vez.
Recuerdo que estaba lejos. Lejos, muy lejos, lejos de cualquier parte, lejos y sólo, y lejos nada más.
Recuerdo que en la costa de Bizkaia dicen acordarse. Y que acordarse, es despertarse.
Me acuerdo de la tos, de la tos de medianoche. Cuidado con esa tos de medianoche.
Me acuerdo del Bebedor del Café Frío.
Cuando me han dicho que ha muerto, me acuerdo de sus palabras: Que tot està per fer i tot és posible.
Recuerdo que somos memoria, memoria o casi nada.
TÍTULO: Akordatzen (Recordando)
AUTOR: Joseba Sarrionandia
EDITORIAL: Txalaparta
2004
EXTRACTO: Seleccionado y traducido por Ixilik.
Gracias Ixilik!, definitivamente sí, ¡merece la pena!
Gracias por leer.
Diego.






No es una gran traducción, pero me tomé mi trabajo con ganas y gusto. Me entristece ver que al traducirlo se haya perdido el tono tan cercano de escribir de Sarrionandia, porque el suyo es un euskera personal.
Me entristece ver también que haya gente que rechaza sus obras por temas políticos, y que se olvide a este escritor TAN ENORME, un eterno incomprendido.
De nada, Diego
Un besazo!
Me recordó a una frase que leí hace poco: "Nuestro pasado nos espera".
Genial.
Y no me lanzaré. Voy a ser un poco idiota y dejaré las cosas como están. Me retiraré de la batalla por un tiempo hasta sanar un poco. Luego vuelvo a la carga.
Miles de abrazos
Veró
Si te da por venir un día, hablamos.